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por Pere Morera
INDICE
HISTORIA DE LA DEMOCRACIA
Grecia y Roma
La confederación Iroquesa
La edad media y las cartas comunales
La revolución francesa
La revolución Industrial
Las guerras mundiales y los derechos humanos
La revolución cibernética
La nueva configuración del mundo
Suiza
Estados Unidos
Uruguay
España
Hacia la ciberdemocracia
LA NECESIDAD DE CREAR UN PARTIDO COMO DDA
Hacer un mapa de la realidad que vivimos actualmente no es fácil. Muchas cosas han cambiado en poco tiempo, muchos somos los que recordamos todavía una cotidianidad sin televisor. Una de las manifestaciones más evidentes de este cambio es nuestra noción del tiempo. La vida, sobre todo en las ciudades, se manifiesta ahora con prisa, y la prisa no nos permite sentarnos a reflexionar. Pretende este libro abrir precisamente este espacio, el de la reflexión. Porque sin reflexionar y analizar porqué hacemos las cosas, sin detenernos, aunque sea un instante, a preguntarnos cual es nuestra situación y porqué hemos llegado a ella, difícilmente podremos cambiarla si ésta nos disgusta.
Vivimos en un país desarrollado y en una situación que se llama estado del bienestar. Disponemos de máquinas que agilizan la producción y de sistemas de comunicación que nos permiten conocer lo que ocurre en cualquier parte del mundo, la técnica avanza a pasos agigantados en la curación de enfermedades. Sin embargo, el parlamente europeo está a punto de aprobar la semana laboral de hasta 65 horas, la información siempre nos llega sesgada, mediatizada, millones de humanos siguen muriendo de enfermedades conocidas que tienen fácil curación, y en definitiva, la brecha entre pobres y ricos se ensancha cada vez más.
Vivimos en UNA SUPUESTA DEMOCRACIA, y damos por supuesto que estamos en el mejor sistema posible, existe el acuerdo general de que las cosas son como son, y que nunca van a cambiar.
La política ha ido desvirtuando su función de regular las relaciones humanas hacia el bien común, se ha convertido en una herramienta del mercado para obtener ventajas para unos pocos.
Como ciudadanos, ejercemos nuestro derecho al voto y consideramos ésta como la única acción posible de intervención en la vida colectiva. Se ha diluido los conceptos de izquierda y derecha hasta tal punto que muchas veces, partidos de derechas defienden conceptos de izquierda y viceversa.
Lo que en realidad ocurre es que la libertad de mercado le ha ganado la partida a la libertad ciudadana. Las grandes empresas de comunicación pertenecen a grupos de grandes empresas productoras de otros ramos: laboratorios farmacéuticos, financieras, petroleras, constructoras, etc. Desde los medios de comunicación recibimos el mensaje constante de que no somos capaces de decidir por nosotros mismos, se nos orienta amablemente de cómo tenemos que comer, vestir, divertirnos, como si no fuéramos capaces de tomar decisiones. Y es que para las grandes empresas, el ciudadano no es más que consumidor de sus productos, y los medios de comunicación el instrumento ideal para optimizar sus ventas.
La política debería ser la herramienta de la ciudadanía para velar por sus intereses y su bienestar, para garantizar la libertad, sin embargo, el día a día nos demuestra como su poder real se debilita y subyuga a los intereses, una vez más, del poder económico.
Los “lobbies” o grupos de presión son los verdaderos artífices de los programas políticos actuales. ¿Pero que son estos misteriosos lobbies? Ni más ni menos que equipos de profesionales, (abogados, psicólogos, publicistas, periodistas, científicos, etc.) que trabajan para grupos de empresas con el objetivo influir en los políticos para que actúen a favor de sus intereses. Se calcula que en Bruselas hay aproximadamente cuatro mil oficinas de lobbistas que organizan fiestas, charlas con regalos y estrategias parecidas para orientar a los políticos de la Unión Europea sobre las decisiones que deben tomar en las diferentes materias.
Cualquier diputado de la Unión Europea tiene que votar a diario sobre muchísimas cuestiones que afectan a la vida de los ciudadanos. No es fácil pronunciarse sobre uno u otro decreto sin conocer en profundidad temas tan variados como farragosos. Y hay poco tiempo para ponerse a estudiar. Pero ahí llegan los lobbistas organizando charlas, facilitando estudios que demuestran la conveniencia de aprobar o rechazar tal decreto. Si, por ejemplo, aparece un estudio científico que alerta sobre las consecuencias dañinas para la salud de un aditivo alimentario cuya autorización al consumo está a punto de aprobarse en el congreso, inmediatamente, aparecerán varios y detallados nuevos estudios desautorizando el primero, demostrando que en realidad, el tal aditivo tiene muy pocas y controladas consecuencias para nuestra salud. Y detrás de ellos, por supuesto, las grandes compañías químicas que fabrican estos aditivos, soltando dinero a espuertas para que los científicos demuestren lo, muchas veces, indemostrable.
Para rizar el rizo de la perversión, ocurre que estos políticos que van a pasar sólo cuatro años en el congreso y después deberán regresar a sus empleos anteriores, reciben a menudo suculentas ofertas de estos lobbies para entrar a formar parte de ellos, creando un círculo vicioso dónde los intereses de los ciudadanos pierden irremediablemente frente a los intereses de las grandes empresas.
Esto que parece ciencia ficción es el cotidiano en Bruselas. Claro que, con unos medios de comunicación al servicio de las grandes corporaciones, poca información nos llega al respecto. Pero la realidad es imposible de ocultar, y hay asociaciones ciudadanas que se dedican a denunciar el tema, incluso hay lobbies, es decir grupos de profesionales que trabajan para intentar contrarrestar estas influencias, a favor del interés de la mayoría y de la transparencia. Ni que decir tiene que las posibilidades económicas de estos grupos son incomparablemente más pequeñas que las de las grandes empresas multinacionales.
Los grupos de presión o lobbies no sólo actúan en el ámbito de la Unión Europea, lo hacen en todos los continentes y también a nivel nacional, autonómico y local. Cualquier empresa con un mínimo de posibles, tratará de ejercer influencia de un modo u otro sobre los políticos que tengan en sus manos decisiones que puedan influir sobre sus ganancias.
Pero regresemos al ciudadano de a pie, al que tiene en sus manos este librito, el que ve como el precio de su hipoteca se duplica y su salario no aumenta, el que tiene hijos que cada día le demandan nuevos aparatos electrónicos pero que no obtienen el adecuado rendimiento escolar, o sí, y terminan la carrera que con tanto esfuerzo han costeado pero no pueden emanciparse con el escaso salario que cobran. Que tiene padres que están dilapidando sus pocos ahorros (cuando los tienen) en pagar asistencia en su domicilio. Que no tiene tiempo para dedicar ni a unos ni a otros, pero sí debe tenerlo para esperar pacientemente largos meses a que puedan realizarle la necesaria operación para su salud. O mucho más tiempo para esperar una sentencia que resuelva una situación personal de injusticia. El que ve todos los días el televisor mostrándole el coche, el cuerpo, la casa que nunca tendrá. El mismo televisor que le enseña en informativos y reportajes, catástrofes y estadísticas, rostros hambrientos que ya ni revuelven el estómago a la hora de comer. El que vota religiosamente cada cuatro años,(cada vez menos ciudadanos) a su alcalde, al presidente de su autonomía, al presidente de la nación, o ya no vota porque sabe que da igual.
Según la Constitución Española, (TÍTULO PRELIMINAR, Artículo 1.2)
“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Es decir, el ciudadano de a pie, el que lee estas páginas, es por derecho el titular de los poderes del Estado, y “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” (Artículo 9.2 de la misma).
¡Que diferencia entre el ciudadano activo, que participa en el día a día en la construcción de la sociedad en que vive, y que define nuestra Constitución con lo que sin darnos cuenta, poco, a poco, nos estamos convirtiendo!
Se podría decir que nos enfrentamos a un nuevo tipo de esclavitud, dónde el mercado es el amo todopoderoso que nos tiene a su exclusivo servicio, a una pesadilla de ciencia ficción en la que los ciudadanos son autómatas que se creen una fantasía de libertad que en realidad no existe.
Con la desaparición del telón de acero y el desastre de las experiencias comunistas, hemos caído en una especie de letargo en el que la palabra revolución se ha convertido en una marca de colonia.
Los sueños de un mundo mejor se han derrumbado, son propios del siglo pasado, ya no están de moda. Vivimos en el mejor mundo posible y este consiste en cuatro mil millones de pobres, dos mil millones de clase media que vive la ficción del bienestar (ahora hipotecado) y unos cuantos que se reparten inmensas fortunas y se lo pasan la mar de bien pensando que nos van a vender mañana, pero que curiosamente ni son felices ni libres, puesto que también ellos tienen que comprar no solo de todo, sino que tienen que comprar todo, influencias, voluntades, grandes casas, carísimos coches, yates. jets,. etc., Pero con la triste realidad que el amor, la amistad, la solidaridad, el orgullo, no se compran, no tienen precio, por lo que los convierte en pobres ricos que siempre tienen que tener mas y mas dinero, puesto que el día que les falte, les faltará de todo y no tendrán ni un solo amigo, ni una sola amante que les ayude, sino todo lo contrario.
Y bien, ¿podemos, debemos, hacer algo al respecto? Poco tiempo nos queda para ponernos a pensar en cambiar el mundo, pero si no tenemos un poco de cuidado, será el mundo, la tierra, la que nos convertirá a nosotros en nada. Se habla a menudo de que estamos destrozando el planeta, pero no es así. Para el planeta tierra, que existió millones de años sin nosotros, que ha visto crecer y desaparecer en su seno millones de especies, que está en constante mutación, nosotros somos una parte ínfima de su proceso. Es nuestra arrogancia la que nos hace decir que estamos matando a la tierra, cuando en realidad, lo que estamos destrozando es nuestra existencia en ella.
Pero volvamos ahora, otra vez a la persona que lee estas páginas, al ciudadano ínfimo que sigue sus avatares cotidianos sin apenas tener margen de actuación. A la pequeña hormiguita que sobrevive y siente, aprecia y tiene criterio. Preguntémonos si tiene alguna responsabilidad en el estado de las cosas, si puede hacer algo para cambiarlas desde su realidad asalariada y sometida a las presiones de los medios.
Si nos detenemos un momento y miramos atrás, si revisamos nuestra historia como especie veremos que la trayectoria del hombre en la tierra ha estado jalonada de grandes cambios. Y que estos han sido posibles porque millones de individuos , siempre que alguna personalidad los ha hecho reaccionar, tomado parte activa en las transformaciones. Desde hace miles de años el ser humano discute sobre la relación entre el individuo y el colectivo, trata de buscar estrategias para armonizar los intereses personales con los sociales. La palabra democracia, que significa “poder del pueblo”, la inventaron los griegos hace más de dos mil años, pero su práctica, la toma de decisiones colectivas, es mucho más antigua, forma parte de la esencia del ser humano.
Pretende este texto dar un paseo por los grandes hitos sociales de la humanidad, las transformaciones de su capacidad de auto-organización a través del concepto que ha impregnado todas ellas: la democracia.
No se trata de hablar de izquierdas ni derechas, el concepto de democracia en sí está más allá de ellos, se trata de recordar la capacidad de individuo como agente y motor de cambios sociales, de encontrar formulas que se adapten nuestra realidad actual para recuperar la imprescindible dignidad que nos hace dueños de nuestras vidas, seres sociales y como consecuencia solidarios.
Al igual que la revolución industrial en primera instancia ofreció más capacidad de enriquecimiento a los poderosos, pero implicó después un necesario ajuste de los derechos sociales que se reflejó en la constitución de las actuales “democracias modernas”, la revolución cibernética y de la información se traduce, en su primera fase, en planteamientos que llevan a la negación del individuo a favor de los intereses de unos cuantos. Pero las tecnologías nunca han tenido color político, son sólo instrumentos a nuestro servicio y depende del uso que les demos que obtengamos uno u otro resultado.
Y en este sentido, internet y todas las tecnologías de comunicación son esencialmente democráticas porque dan poder específico al individuo.
Y tampoco es necesario hablar de grandes y dramáticas revoluciones, de salir a la calle, de renunciar a nuestro modo de vida y hacer grandes sacrificios. A poco que reflexionemos nos daremos cuenta de que tenemos un instrumento poderoso que puede hacer realidad los más antiguos sueños humanos. La democracia, formulada y puesta en práctica de un modo muy claro por los griegos en Atenas, base esencial de nuestra evolución social, vuelve a aparecer como el sistema idóneo para unificar lo individual con lo colectivo, y todo ello a partir de las nuevas tecnologías de la comunicación que nos ahorran los principales obstáculos para su aplicación.
Del mismo modo, el camino para llegar a la verdadera democratización de las tecnologías, y con ello a la democratización de nuestro modo de vida, también se muestra claro. Imaginar un mundo en el que todos seamos actores y responsables de lo que en él ocurre es tarea de grandes pensadores, no obstante, es el ciudadano de a pie el que da siempre da primer paso.
El lema “piensa global, actúa local” es la clave. No es necesario que nos pongamos a elaborar grandes teorías, lo único que debemos hacer es forzar, con nuestro voto, pequeñas transformaciones a nivel local. Todos vivimos en una comunidad, llámese pueblo o barrio. Si con nuestros votos respaldamos fórmulas locales de democracia que nos permitan decidir sobre nuestra realidad inmediata, la que conocemos bien, sobre la que sí podemos opinar sin ninguna duda; si apoyamos la idea de que los vecinos tengan voto directo a través de internet sobre las cuestiones que afectan a nuestra comunidad, estamos dando un primer paso imprescindible para la dignificación del individuo, además de incidir en nuestro bienestar. Y creando las condiciones para que este sistema se expanda a ámbitos generales, a decisiones que afectan a un mayor número de individuos.
Esto no es una quimera, es una realidad incipiente. El ciberactivismo ya hace tiempo que existe, muchas ONGs han propagado ha través de la red denuncias y campañas que han obtenido resultados. En multitud de pequeños municipios y barrios de todo el mundo están empezando a poner en práctica el sistema de la democracia, es decir, someter a decisión ciudadana los proyectos de interés común pero sin intermediario político, ya que de políticos lo somos todos por definición. La ventaja de este sistema es que no requiere de grandes cambios, de grandes sacrificios, puede irse probando paulatinamente, aprendiendo de los resultados, modificando sus estrategias. Es un largo camino que ya se ha empezado a recorrer y que se propaga con la prisa de los tiempos.
Pongámonos los cinturones e iniciemos este pequeño viaje que nos llevará sin duda muy lejos o tan solo nos ubicará en el siglo XXI que no es poco, ya que actualmente en lo concerniente a la organización social , en lo referente a la democracia, nos encontramos anclados en el 450 aC.
Y si no nos subimos al tren, ponemos marcha atrás, y miramos de ir con gran velocidad hacia la época actual, es muy posible que en momentos históricamente estudiados, de crisis y desasosiego, pérdida de valores, etc, vuelva a aparecer el típico salva patrias que de bien seguro, no tan solo va en sentido contrario, sino que nos volverá a dejar parados en el tiempo de la caída de Atenas. Cuidado con los espartanos!!
Esto no es del todo cierto, hay muchos historiadores que afirman que tanto en las organizaciones tribales como en antiguas civilizaciones en todo el mundo se pueden encontrar ejemplos de sistemas políticos democráticos. Tiene su lógica, forma parte de la naturaleza del ser humano, aunar esfuerzos para conseguir entre dos lo que uno sólo es difícil, es decir, tener conciencia colectiva y la tendencia a negociar entre los diferentes intereses individuales. Como también forma parte de la misma esencia del hombre tratar de dominar al otro. De hecho, es la tensión entre las dos tendencias la que marca nuestra historia.
Por lo que no es de extrañar que antes de Grecia en el mundo pudieran hallarse diferentes experiencias de lo que hoy entendemos como democracia.
La palabra democracia,como ya se ha comentado, viene del griego "demos-kratos" (δεμοσκρατοσ; demos = pueblo, kratos = gobierno); y nació el Atenas, en el siglo V a.C., llamado también siglo de Pericles. Tuvo su antecedente en la “Timocracia”, establecida en Atenas por la Constitución de Solón en el año 594 a.C.
La democracia ateniense empezó alrededor del 510 a.C. consistía en una asamblea de ciudadanos libres. Hay que recordar que para los griegos, los ciudadanos libres excluían a las mujeres y a los esclavos. De la asamblea también estaban excluidos los extranjeros.
En las asambleas atenienses había igualdad de palabra y voto, sin importar la riqueza del ciudadano, llegándose incluso a establecer sueldos para que los ciudadanos pobres que ocuparan cargos pudieran subsistir durante su mandato. Aunque este era sólo de representatividad y duraba un año, puesto que las decisiones políticas importantes se tomaban todas en la asamblea. No desaparecieron las clases altas, que solían ocupar cargos fiscales y militares, pero no distribuían privilegios y debían obediencia a las decisiones de la asamblea.
Los tribunales de justicia, por ejemplo, eran constituidos por varios cientos de ciudadanos que se elegían por sorteo entre los que se ofrecían voluntariamente.
Cada año se elegía el consejo, que tenía el nombre de “Bulé” por el llamado sistema de habas, es decir a suertes. En una caja se disponían de habas negras y blancas, y las personas que deseaban ocupar el cargo lo hacían en función del color del haba que sacaban. Es decir, si sacaban un haba blanca lo ocupaban, y si era negra, no. Así se garantizaba el acceso a todos los ciudadanos al poder y se evitaban tráficos de influencias.
El Consejo estaba constituido por quinientos miembros, cincuenta por cada una de las diez tribus ciudadanas. Cuidaban de la aplicación de las leyes, vigilaban a los Magistrados, es decir los cargos electos de mayor poder, se ocupaban de que la administración cotidiana funcionara correctamente y también de los asuntos exteriores.
La dirección dentro del Consejo de los quinientos, era ejercida de modo rotatorio por las “Pritanías”, que eran grupos de cincuenta consejeros que cambiaban cada 39 días, manteniendo su cargo en funciones día y noche.
Era el Consejo también el que preparaba los temas y leyes que después se debatirían en la Asamblea.
Los cargos de más poder, es decir, los de Estrategos (militares, marinos y diplomáticos) o los de Magistrados de Finanzas eran elegidos por votación directa en la Asamblea. Aunque tampoco estos cargos duraban más de un año, con la excepción de Pericles, que fue elegido durante 16 años consecutivos y acabó dando nombre al siglo.
La Asamblea se convocaba cada nueve días y podía llegar a convocar 20.000 participantes. A veces duraba todo el día. Allí se decidían las leyes y decretos, y se solventaban los asuntos colectivos que el Consejo había propuesto.
La democracia ateniense destacó por su cometido social, desde ella se procuró buscar trabajo a los más pobres, otorgar tierras a campesinos, conseguir asistencia pública a huérfanos, inválidos o indigentes.
A pesar de que sólo el diez por ciento de las personas que habitaban Atenas podían considerarse ciudadanos y disfrutar de estos derechos, la democracia ateniense no deja de ser el modelo que ha gestado los posteriores sistemas democráticos. Y también un ejemplo de participación política real por parte del pueblo. Para que nos hagamos una idea, se calcula que uno de cada cuatro ciudadanos ocupaba un puesto público por año: alrededor de 8.500, de un total aproximado de 38.000 habitantes ciudadanos que tenía Atenas.
La democracia griega terminó con la Guerras del Peloponeso y la derrota de Atenas. Esto fue en el 322 a. C., es decir, duró casi doscientos años.
Habría que preguntarse porque el ideal de democracia que había encarnado Atenas no continuó en el tiempo, evolucionando hacia todos sus habitantes, con la llegada de derechos políticos a mujeres y la abolición de la esclavitud.
La causa inmediata de la caída del régimen democrático ateniense fue el desprestigio que sufrió la forma de gobierno democrático a causa de su derrota militar.
Después de Pericles, Atenas mantuvo el poder a la asamblea, y ésta llegó a intervenir públicamente en las estrategias militares, que no pudieron competir con las élites especializadas de Esparta.
Esta derrota marcó a las generaciones de pensadores venideras, entre los que se contaban Platón y Aristóteles, que desconfiaron totalmente de la democracia.
Mientras Atenas perdía la posibilidad de convertirse en imperio por sus raíces democráticas, Roma seguía una evolución muy distinta.
La república romana nació en las mismas fechas que la democracia ateniense, pero ya desde el principio fue un régimen mixto, es decir, si bien se daba voz y poder al pueblo, éste siempre era compartido por la clase aristocrática, que configuraba el senado.
En realidad, “El tribuno de la plebe”, es decir la parte que representaba el pueblo en el régimen romano, discutía las propuestas que hacía la aristocracia, y, a lo sumo, tenía capacidad de vetarlas, pero no era la asamblea quien proponía las leyes. Poco a poco, la república romana, ya en manos de un emperador, fue dejando de ser democrática para convertirse en imperio. Los intentos de democracia europea que surgieron más tarde, son herederas directas del sistema romano, no del sistema del griego. La formación de una clase política que hace de intermediario entre las necesidades del pueblo y los poderosos o aristócratas habían nacido y sus consecuencias aún las pagamos en la actualidad.
Podríamos decir que mientras Atenas perdió un imperio por preservar su fidelidad a la democracia, Roma sacrificó la república para asegurar el imperio.
Y a Roma le siguieron mas y mas imperios sin acercarse ni por asomo al pensamiento ateniense. Pero en honor a la verdad ,no tenían los medios tecnológicos necesarios para tal acercamiento, como es obvio. Por lo que de emperador a emperador hemos llegado a nuestros días con lo que ello conlleva: guerras sangrientas fratricidas para beneficio del imperio de turno de los que los ciudadanos de a pié podían sentirse orgullosos de pertenecer a pesar de que eran mas pobres que las ratas, suiguiendo con el esclavizage, que expresado en múltiplos términos aún perdura. Tan solo los emperadores y su sequito de aristócratas y lameculos disfrutaban de fortuna, incluso de derecho de pernada o “prima note” entre otros muchos privilegios. ¿Ha cambiado algo en el siglo actual?
También es cierto que la lucha por la democracia nunca se detuvo. Valgan de ejemplo los siguientes apartados:
Esto ocurría concretamente los territorios que se hallan ahora en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, cuando seis tribus o naciones sellaron una alianza de paz y decidieron regirse por las mismas leyes.
Estas tribus estaban constituidas por clanes que podían gobernar indistintamente hombres o mujeres, aunque los cargos militares eran siempre ocupados por hombres. Cuando una mujer era la jefa de clan, ésta designaba el jefe militar correspondiente. Los clanes tomaban las decisiones por asamblea, y elegían sus representantes para el parlamento o consejo. Esta noción de parlamento es considerada la más antigua del mundo, después del llamado “Althing” de Islandia, del que se tienen noticias desde el siglo IX. Los “bárbaros del norte”, tienen también una larga tradición democrática.
En las asambleas de los clanes las decisiones se solían tomar por consenso, sólo se recurría a las votaciones en caso de que fuera estrictamente necesario.
Hay que tener en cuenta que las raíces culturales de los indígenas americanos son completamente diferentes a las nuestras, y por ello, también su concepción del mundo. Su espiritualidad, profundamente arraigada a la tierra les hace vivir sus actos, tanto individuales como comunitarios como parte de un gran todo integrado en la naturaleza.
Para ellos, la confederación de naciones era como una gran casa común, en cuyo centro se ubicaba un “Arbol de la Paz”, que extendía sus raíces hacia los cuatro puntos cardinales. Tenían una especie de “Consejo de Hombres Buenos”, elegidos entre los candidatos de las diferentes tribus. Las mujeres eran las encargadas de poner nombre a estas personas, nombre que se heredaba cuando el “hombre bueno” en cuestión moría y se elegía a otro para sustituirlo. Por supuesto todo ello acompañado de los correspondientes rituales. Este consejo tomaba siempre las decisiones por consenso. Luego se transmitían sus crónicas por todas las tribus, ya sea oralmente, ya a través de los “wampuns”, cinturones de cuentas de colores, cuero, conchas y plumas que más allá de su función decorativa, tienen una función informativa. Ni las cuentas de colores ni las muescas del cuero o las conchas que podemos encontrar en ellos están puestos al azar, sino que responden a unos códigos que proveen de información.
Todas las tribus se organizaban en un sistema de clanes, y cada clan tenía su espíritu protector. Los clanes solían tener sus consejos de ancianos.
Lo cierto es que es muy difícil para nosotros comprender cualquier otra cultura que no sea la nuestra. Por cientos de años, la cultura occidental se ha comportado de una manera etnocéntrica, es decir, ha dado por supuesto que cualquier cultura distinta a la suya era evolutivamente inferior. Ahora, empezamos a tener noticias de esas otras culturas sin necesidad de tratarlas de un modo degradante, y de muchas de ellas podemos aprender cosas que en nuestro afán superior hemos dejado de lado. Los sistemas de organización comunal de la mayoría de tribus llamadas “exóticas”, tienen a menudo rasgos de vida política participativa que nos vendría muy bien incorporar.
La Confederación Iroquesa es un ejemplo de ello, y si nos ha llegado su historia es por dos motivos fundamentales.
El primero, Benjamín Franklin, prócer estadounidense que participó en la redacción de la Declaración de Independencia de su país, en la de la Constitución y formó parte activa en la lucha por la evolución de la esclavitud; escribió sobre esta Confederación, y le atribuyó específica influencia en la elaboración de la propia Constitución estadounidense. El símbolo americano del águila y el fajo de flechas es tomado de estos indios.
El segundo motivo es la propia Confederación, que todavía está presente en nuestros días. El carácter guerrero y orgulloso de su cultura y su férrea organización social, los hizo ofrecer resistencia a los siglos de represión por parte de los conquistadores europeos, hasta el día de hoy, que, sobretodo en Canadá, han conseguido recuperar el espacio social y humano que les corresponde, y por el que siguen luchando en Estados Unidos con recientes avances. Son ejemplo de cómo una estructura social democrática y directamente participativa constituye también una excelente defensa frente al enemigo.
El ejemplo Iroqués ha llegado a nuestros días y ha tenido cierta difusión por los motivos antes expuestos, pero hay más experiencias de democracia de las que no tenemos aún conocimiento por las razones etnocéntricas que antes se mencionaban, que poco a poco se irán incorporando a nuestros sistemas de información y de los que podremos aprender.
Lo que cabe destacar son las organizaciones comunales y democráticas del norte de Europa de las que hay muy pocas noticias, aparte de la mención anterior al Parlamento Islandés del siglo X.
En lo que respecta a España, sabemos que los señores feudales, más por desinterés que por otra cosa, cedieron, mediante las llamadas Cartas Comunales, el uso de tierras a los campesinos que las habitaban, y que ellos debían organizarse para su explotación así como para cubrir sus necesidades básicas.
De estas organizaciones comunales de la Edad Media surgieron los gremios y las rutas de comercio que más adelante gestarían la revolución burguesa que daría paso a los estados parlamentarios que hoy conocemos.
En el siglo XV, con el imperio de Carlos V, nace la idea de estado tal y como ahora la conocemos y en sus estructuras irrumpe la Revolución Francesa que, de algún modo configura las bases de nuestra realidad social. Y es en el mismo siglo dónde el mundo moderno, de algún modo, se empieza a configurar, a partir de dos hitos fundamentales: el descubrimiento de América y la invención de la imprenta. Fue entonces cuando el mundo se hizo redondo tal y como lo conocemos ahora, y empezó a comunicarse de un extremo al otro, a circular la información de un modo masivo gracias al tipógrafo.
Anterior a la Revolución Francesa es la llamada por lo ingleses la “Gloriosa Revolución” de 1.688, que sustituyó la monarquía absoluta de la Gran Bretaña, por la monarquía parlamentaria o mixta, reflejo fiel de la república romana, con sus tres elementos típicos: El rey o reina, el poder aristocrático, que en Inglaterra se llamará la “Cámara de los Lores” y la “Cámara de los comunes” o representantes del pueblo. Sistema que conocemos bien porque todavía está en vigor, con su poca evolución social correspondiente.
Vemos pues, que los albores del parlamentarismo moderno tomaron como modelo la república romana.
Pero ya en el año 1.761, el ginebrino Jean-Jacques Rousseau en su “Contrato Social”, volvió a proponer la democracia de tipo ateniense como proyecto político irrenunciable y ello tendría influencia directa con en la revolución francesa.
La vieja discordia entre griegos y romanos volvía a hacerse patente en esta revolución, que tomó parte al lado de los griegos.
Fueron el crecimiento de la burguesía, es decir, los ciudadanos no aristócratas que iban adquiriendo poder económico, la rigidez de la monarquía absoluta, y el descontento de las clases más bajas por su precaria situación de vida frente a los abusos de la aristocracia, los factores que determinaron la revolución en Francia. Combinado esto con el advenimiento de nuevos pensadores como Voltaire, Rousseau o Montesquieu que pusieron en palabras el sentir evolutivo de un periodo que se llamó “La Ilustración”. Estos y otros pensadores empezaron a manejar los conceptos de libertad, igualdad, fraternidad, de rechazo a los abusos a una sociedad dónde la brecha entre ricos y pobres era abrumadora, empezando a elaborar teorías políticas como la repartición del estado en tres poderes que ahora nos es tan familiar: Legislativo, ejecutivo y judicial.
Fue, como siempre, una gran crisis económica el desencadenante de los hechos. Por más que estadistas intentaron establecer reformas tributarias, que permitieran equilibrar la balanza francesa, la aristocracia se negaba a ceder en sus privilegios, lo que tensó la cuerda para dar las condiciones a la revolución.
En 1789, debido a la situación económica extrema, el Estado decidió convocar los Estado Generales de Francia, cosa que no se había hecho desde 1614. Los Estados Generales constituían en la Francia del Antiguo Régimen una asamblea o junta magna que convocaban los reyes para, con carácter excepcional, tratar asuntos urgentes, fundamentalmente de índole legal o financiera, como era recabar impuestos extraordinarios.
Creados a comienzos del siglo XIV, se habían reunido en contadas ocasiones, la última vez en 1614. En ellos estaban representados los estamentos feudales divididos en tres brazos: la Nobleza (primero), el Clero (segundo) y el resto de los súbditos (el tercero), que actualmente los podríamos poner al día como Poderes fácticos(primero), sectas religiosas de todos los colores, grandes y pequeñas (segundo) y el resto de los súbditos (tercero).
La convocatoria no gustó nada a la oposición, que veía en ello un intento de monarquía de manipular la asamblea y con ella la voluntad popular. Como hacía tanto tiempo que no se reunían, no estaba clara la cantidad de votos que correspondía a cada brazo. Así las cosas, y en medio de una tremenda tensión, los representantes del tercer brazo, es decir, el pueblo, se declararon como los únicos integrantes de la Asamblea Nacional. La monarquía cerró la sala de reuniones del palacio de Versalles, por lo que los miembros de la Asamblea se reunieron en otro lugar, y decidieron no separarse hasta dotar a Francia de una nueva Constitución.
Como primer paso elaboraron la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” que se transcribe a continuación por su importancia en el tema que nos ocupa.
«Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano».
“1- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.
2- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
3- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.
4- La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley.
5- La ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la sociedad. Nada que no esté prohibido por la ley puede ser impedido, y nadie puede ser constreñido a hacer algo que ésta no ordene.
6- La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos, ya sea que proteja o que sancione. Como todos los ciudadanos son iguales ante ella, todos son igualmente admisibles en toda dignidad, cargo o empleo públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
7- Ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es culpable si opone resistencia.
8- La ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente.
9- Puesto que todo hombre se presume inocente mientras no sea declarado culpable, si se juzga indispensable detenerlo, todo rigor que no sea necesario para apoderarse de su persona debe ser severamente reprimido por la ley.
10- Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley.
11- La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.
12- La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho particular de aquellos a quienes ha sido encomendada.
13- Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, resulta indispensable una contribución común; ésta debe repartirse equitativamente entre los ciudadanos, proporcionalmente a su capacidad.
14- Los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración.
15- La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público.
16- Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.
17- Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a condición de una justa y previa indemnización.”
Como podemos observar, son el antecedente exacto de la “Declaración de los derechos humanos” que más tarde veremos.
El 11 de julio de 1789, Luis XVI, influido por la nobleza conservadora, ordenó la reconstrucción del Ministerio de Finanzas.
El pueblo tomó esta medida como un auto-golpe de la realeza y el 14 de Julio se lanzó a la calle, apoyado por parte del ejército, en lo que es conocido históricamente como “La toma de la Bastilla”.
La revolución se fue extendiendo por todo el estado francés, se formaron nuevos ayuntamientos que sólo reconocían el poder de la Asamblea Nacional.
Ésta, abolió el feudalismo y las servidumbres que conllevaba, los diezmos, las justicias señoriales, instaurando la igualdad ante los impuestos, penas y en el acceso a los cargos públicos.
Los nobles empezaron a salir del país para organizar su propia resistencia buscando aliados en Europa.
La revolución significó también la pérdida de poder por parte del estamento eclesiástico, puesto que se eliminaron los privilegios del clero y se confiscaron los bienes de la Iglesia, que era en realidad, el mayor terrateniente del país. Fuero años duros para el clero, años de prisión y masacre. En 1801 se firmó el Concordato entre la Asamblea y la Iglesia, en el que se establecieron nuevas normas de convivencia para el clero.
Más de dos años tardó la Asamblea Constituyente en redactar la Constitución, que finalmente restituyó al rey, aunque con poco poder, instaurándose monarquía constitucional. El rey sólo tenía poder de veto sobre las leyes y la potestad de elegir a sus ministros.
La Asamblea Legislativa, que tenía la encomienda de elaborar las leyes que a partir de entonces gobernarían en Francia, se reunió por primera vez en Octubre de 1791 y no tardó un año en degenerar en un caos. Debido, por un lado, a la gran cantidad de personas que la constituían, y por otro, a los numerosos clubes, precedentes de partidos políticos que se acabaron formando. Además, ya en los primeros meses de funcionamiento de la Asamblea, el rey vetó una ley que condenaba a muerte de los nobles que habían huido de Francia, y otra que exigía a clero prestar juramento de lealtad al Estado. Lo cual influyó indudablemente en la crisis constitucional. Una vez mas, no disponían de la tecnología actual, que como veremos será una constante hasta nuestros días, el los cuales ya no necesitamos excusas.
Podemos por primera vez en la historia disponer de la tecnología para que los intentos fracasados sean una realidad, pese a quien le pese.
Por otro lado, las dinastías absolutistas europeas se propusieron invadir la Francia revolucionaria, lo que puso a los franceses en pie de guerra, dispuestos a defender con uñas y dientes su revolución. Todo ello desembocó en la abolición de la monarquía, la ejecución de Luis XVI y su esposa María Antonieta y la proclamación de la primera república francesa. Era el año 1.792, apenas tres años después de la toma de la Bastilla, y provocó la ruptura definitiva con las monarquías europeas, ya que María Antonieta era también reina de Austria.
El gobierno fue entregado a un directorio de 5 miembros llamados directores y a una asamblea bicameral, compuesta por el Consejo de Ancianos, de 250 miembros, y el Consejo de los quinientos. El caos ya estaba sembrado, y siempre que éste se apodera de la sociedad aparece inexorablemente un enano salva patrias para poner orden y como no, montar un imperio, con la consiguiente masacre de carne de cañón, en al caso que nos ocupa este fue Napoleón Bonaparte, general del ejército, acabando con la agonizante revolución dando paso a lo que sería el primer imperio francés. Más adelante veremos que fueron, curiosamente casi todos, grandes enanos ¿Será que por sus complejos destruían media humanidad para sentirse más altos?
Pero la historia es un encadenado de hechos que hay que ver en su conjunto, y no podemos olvidar la revolución inglesa, que, aunque mucho más discreta, resultó ser también más estable. A ello hay que añadir que en el mismo año en que ocurría la revolución francesa, se firmaba también la independencia de los Estados Unidos, que muy pronto nos daría su primera constitución democrática, o eso es lo creían en aquel tiempo.
Pero a todo ello hay que sumarle una serie de acontecimientos que fueron los que provocaron los cambios que han dado lugar al mundo en que vivimos.
Se trata de la revolución industrial, que comenzó en Inglaterra pero se expandió rápidamente por todo el mundo conocido.
En la misma fecha en que en Francia estallaba la revolución, Inglaterra sufría una transformación increíble, debida no a las presiones sociales sino al desarrollo tecnológico.
En primer lugar, y gracias a la revolución inglesa, el sistema de reparto de tierras varió, siendo más diversificado, lo que aumentó la producción. A su vez llegaron las innovaciones agrarias, cambios en el sistema de cultivos e introducción de nuevas especies como la patata, o el maíz. A ello le añadiremos los primeros modelos de maquinaria agrícola. Todo ello hizo que por primera vez en la historia excedentes alimentarios, y a la vez, excedentes de mano de obra disponible, lo que satisfacía las necesidades de una industria en desarrollo. Industria en desarrollo que provenía del aumento de los rendimientos agrícolas, ya que los propietarios de tierras ganaban suficiente dinero como para arriesgarse a invertir en la industria incipiente.
Las consecuencias de todo ello fueron la explosión demográfica, debida a la mayor disponibilidad de alimentos y a los avances higiénicos y sanitarios, como la invención de las vacunas.
La ciencia, que durante muchos años había avanzado más en el plano teórico que práctico, tuvo ahora las condiciones necesarias para aplicar sus descubrimientos, lo que generó que el proceso teoría-práctica se acelerara. Así, se sustituyó la fuerza humana y animal por la mecánica con el invento de la máquina de vapor, la locomotora cambió radicalmente los sistemas de comunicación y la industria textil y metalúrgica se expandieron.
La incorporación de las máquinas a las cadenas de producción sustituyó el trabajo manual. De los talleres artesanos con un reducido número de personas, se pasó a las fábricas, que daban cabida a un gran número de operarios. Lo que provocó sustanciales cambios en la forma de vida de los obreros, que se agrupaban ahora alrededor de los grandes centros de producción. En ellos, se crea el concepto de “división del trabajo”, según el cual, se especializa a los obreros a realizar una sola tarea, lo cual agiliza la producción y ahorra considerablemente costes. Ello hace que los precios disminuyan y crezca el número de consumidores, precisamente los nacidos por la explosión demográfica. Lo que da lugar a un aumento en la demanda de bienes, la mejora de los transportes y las vías de comunicación.
El imperio colonial inglés, le da enormes posibilidades dónde adquirir materias primas, y al mismo tiempo lugares hacia dónde realizar exportaciones, que se verán favorecidas por la potente marina mercante y militar que poseía.
La revolución industrial empezó en Inglaterra, pero rápidamente se expandió a toda Europa y Estados Unidos, creando una espiral imparable de progreso que desembocó, pocos años más tarde en una segunda revolución industrial, que esta vez tuvo como pionero a los Estados Unidos.
Esta segunda revolución viene marcada por el descubrimiento de la electricidad y la aplicación del petróleo como generador de energía. Esto da lugar a cambios radicales en la producción, como el montaje en cadena y la automatización. Y así llegarán la bombilla, el automóvil, el telégrafo, etc. Todos estos avances radican básicamente en Europa y Estados Unidos, quedando el resto del mundo anclado todavía en la Edad Media, convirtiéndose las colonias en proveedores de materias primas, sin que ello repercuta en ningún avance, ni tecnológico ni social en su vida cotidiana.
Al siglo XIX se le podría llamar también el siglo de la ideas. A la luz de la revolución industrial, el poder cambia de manos. A la aristocracia, tocada de muerte por la revolución francesa, la sustituye otra clase poderosa, constituida por los empresarios, es decir, todos aquellos que invirtieron y arriesgaron dinero en la revolución industrial, los artesanos, comerciantes y agricultores que fueron creciendo al ritmo de los avances tecnológicos.
La revolución francesa, con su declaración de derechos del ciudadano, fue la que sentó las bases sociales de este nuevo mundo, pero fueron los pensadores del siglo XIX los encargados de dar forma a las grandes cuestiones de cómo se debía de gestionar esta nueva realidad.
Poco a poco, parecía que las monarquías absolutas iban cediendo ante las monarquías parlamentarias, la palabra democracia era una semilla que crecía imparable, alimentada desde Grecia por un lado, pero también desde la confederación Iroquesa por el otro, no olvidemos que fue el punto de inspiración a la Constitución norteamericana.
La fiebre productora, el cambio radical en la realidad cotidiana, sobretodo en los países europeos, dónde hacía muy poco tiempo la subsistencia estaba basada sólo en la agricultura, produjo una situación terriblemente injusta para la mayoría de la población.
Los obreros pasaron del rigor de la vida campesina, a la crueldad de unas condiciones de trabajo muy semejantes a la esclavitud. El florecimiento de las artes y las ciencias provocado por la mayor riqueza general y por la pérdida de poder de la iglesia y la aristocracia a la hora de controlar la cultura, dio lugar a toda una saga de pensadores que se dedicaron a especular sobre cual debía ser el sistema de organización social óptimo para la nueva realidad que habitaban.
Así, se desarrollaron dos grandes teorías económicas, el capitalismo y el marxismo. Dónde el capitalismo ponía énfasis en la libertad del hombre a la hora de organizarse y establecía que el propio mercado era capaz de regularse a él mismo, sin necesidad de sistemas de control y el marxismo veía llegado el momento en que los desheredados de la tierra, los que habían sido siervos en la época feudal, y obreros en la revolución industrial, cogieran las riendas del poder en nombre de la igualdad de los hombres. De la tensión entre las dos teorías, que merecen un estudio más completo pero no para este libro, surgieron las regulaciones imprescindibles para atajar el capitalismo salvaje y conseguir para las clases trabajadoras unos mínimos derechos. Cabe destacar que en el siglo XIX, a diferencia de nuestro siglo XXI, surgió un espacio de reflexión sobre cómo debíamos organizarnos como seres humanos a partir de los cambios brutales que las estructuras sociales estaban sufriendo, y que de este espacio de reflexión surgieron las corrientes de pensamiento y las aplicaciones prácticas que todavía nos acompañan.
Las heridas de la primera guerra mundial cerraron en falso.
Después de un breve periodo de desaforada productividad y riqueza, conocido como los “felices 20”, la bolsa americana se desplomó en el conocido “crack” del 29 y arrastró a las economías europeas de diferentes maneras. Por aquellos tiempos triunfaba en Rusia la revolución soviética y en pocos años se convertía en una potencia competitiva, que venía a complicar los ciclos del capitalismo recién descubiertos de expansión-recesión.
La agresiva política expansionista de la Alemania nazi, contó con el apoyo de potencias totalitarias y expansionistas como Japón e Italia. La rápida derrota francesa dejó al Reino Unido sólo ante Hitler durante un corto período de tiempo. La entrada de la URSS y de los EE.UU. junto a los Aliados en 1941 desequilibró de forma definitiva la guerra a su favor. Una alianza "contra natura" ( práctica que continua siendo habitual en nuestros días) de las grandes potencias parlamentarias y capitalistas y del socialismo soviético puso fin a los afanes imperialistas de los sistemas fascistas y totalitarios, por el momento.
Ante el nuevo orden mundial, recién acabada la guerra, se creó la necesidad de establecer un organismo supranacional que velara por la paz mundial. Escarmentados por las dos últimas guerras, los florecientes países democráticos debían crear sistemas de seguridad que no permitieran más derramamientos de sangre.
La Conferencia de San Francisco (25 de abril-26 de junio de 1945) aprobó la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, que fue firmada por cincuenta y un estados.
La Carta enunciaba los objetivos y principios en los que se basaba de la ONU.
Los propósitos eran cuatro:
· mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales;
· fomentar entre las naciones relaciones de amistad;
· realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural y humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales
· servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.
Los Principios afirmaban lo siguiente:
· la organización se basaba en la igualdad soberana de todos sus miembros
· todos los estados miembros cumplirían las obligaciones contraídas de conformidad con la Carta
· los miembros arreglarían sus controversias internacionales por medios pacíficos y sin poner en peligro la paz, la seguridad o la justicia
· los estados miembros se abstendrían en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra otros Estados
· los miembros prestarían a las Naciones Unidas toda la clase de ayuda en cualquier acción que ejerzan de conformidad con la Carta, y no ayudarían a Estado ninguno contra el cual la Organización estuviere ejerciendo acción preventiva o coercitiva
· ninguna disposición de la Carta autorizaría a la ONU a intervenir en los asuntos que son jurisdicción interna de los Estados
· las Naciones Unidas harían que los Estados que no son miembros de la Organización, se condujeran de acuerdo con estos principios en la medida que fuera necesario para mantener la paz y la seguridad internacionales.
Como podemos ver, las bases de una convivencia pacífica y el pacto de prosperidad entre naciones está sellado desde hace muchos años, no es necesario inventar nuevas fórmulas, sólo tratar de aplicar las que ya tenemos.
El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo texto completo figura en las páginas siguientes. Tras este acto histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros que publicaran el texto de la Declaración y dispusieran que fuera «distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios».
Declaración Universal de los derechos humanos
“Preámbulo
Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana,
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias,
Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión,
Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones,
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,
Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y
Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso,
La Asamblea General
Proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.
Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 2
Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
Artículo 8
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.
Artículo 9
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
Artículo 10
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.
Artículo 11
Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
Artículo 12
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Artículo 13
Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país.
Artículo 14
En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 15
Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
Artículo 16
Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
Artículo 17
Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 20
Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
Artículo 21
Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.
Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Artículo 23
Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Artículo 25
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
Artículo 26
Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Artículo 27
Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.
Artículo 28
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
Artículo 29
Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 30
Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.”
Como podemos ver, ya desde 1.948 y directamente inspirada en “Los derechos de los Ciudadanos” de la revolución francesa, tenemos un ideario óptimo hacia el que avanzar como especie. Hemos querido reproducirlo porque a menudo olvidamos lo que tenemos, o pasa desapercibido en medio de tanta información como recibimos. Lamentablemente debemos constatar que desgraciadamente ningún país lo cumple en pleno siglo XXI.
Después de la Segunda Guerra Mundial, estalló la guerra fría. A la revolución rusa le siguió la China, dividiendo al mundo en dos bloques. Uno, el marxista, abogaba por la igualdad sacrificando la libertad y el otro, el capitalista, abogaba por la libertad, supeditando la igualdad a ello. Sin embargo, las gobiernos de la post-guerra, fieles a los principios sociales griegos y franceses, en el debate político parlamentario, establecían corrientes sociales en las que el estado controlaba de algún modo la producción, tratando de redistribuir la riqueza de manera que garantizara cobertura social a los más desamparados, la educación básica y los derechos fundamentales arriba enumerados.
La tensión entre los países liberales y los países igualitarios, sirvió de algún modo para que los primeros cuidaran de cubrir las necesidades básicas de la población, puesto que los pobres, de algún modo, tenían un modelo en las naciones socialistas en el que referenciarse y reclamar sus derechos.
Los ideales socialistas y comunistas, loables sobre papel para la mayoría de los ciudadanos, se derrumbaron en sus aplicaciones prácticas, creando regímenes de terror que ni siquiera aportaban bienestar material a sus ciudadanos. Las estructuras estatales, conforme afianzaban su poder se distanciaban más del elemento que en principio se lo había otorgado, el pueblo, creando oligarquías semejantes en crueldad a las monarquías absolutistas que la historia había superado.
Con la caída del muro de Berlín, en 1.989 y la posterior apertura de China, se desplomaron los regímenes comunistas autoritarios y la idea sobre el papel de democracia y libertad se establecía como el único ideal humano posible.
Pero una nueva revolución tecnológica haría cambiar de nuevo la faz de la tierra, como lo hizo la primera revolución industrial, pero a mucha más velocidad. La era de la comunicación había llegado, y el mundo ya no terminaba en Europa y América, el resto de los continentes se hacían reales y tangibles, y reclamaban también sus derechos. El invento del cine y la televisión crea una suerte de enorme espejo distorsionado dónde la humanidad por primera vez, se puede mirar.
Y llegó la era de la globalización. La información llega al instante de una punta a la otra del globo terráqueo, las comunicaciones se abaratan y hacen posible que productos de todo el mundo circulen a gran velocidad, el derrumbe de los ideales socialistas nos apartan de ellos como en una especie de resaca, donde todo control por parte del estado parece nefasto. Se inaugura el “neocapitalismo”. Parafraseando al Nobel José Saramago: “El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores. Es necesario que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital. Ingenioso.”
Curiosamente, a lo largo de los últimos años, las dictaduras duras han desaparecido prácticamente de la faz de la tierra. Quedan pocas y muy mal vistas, unas más que otras, eso sí. Pero en todos los lugares se han ido instaurando a toda velocidad regímenes que pretenden ser democráticos.
. No es necesario decir que a medida que a aumentado el parlamentarismo político también lo ha hecho la corrupción y la mano negra de los grupos de presión de las grandes compañías convierte a los políticos en títeres a su servicio.
Cuando en 1.948 se escribieron los derechos humanos, sus autores pensaban en los países “civilizados”, llamados ahora “el primer mundo”. Las todavía conciencias colonialistas imaginaban estos derechos para sus ciudadanos, olvidaban que para que estos pudieran gozar de ellos, debían sustraer riquezas y recursos naturales de otros países, pagar salarios en ellos que se equiparan a la esclavitud. También olvidaban que los recursos naturales se agotan y que la tierra no es un cofre de tesoros de producción infinita que podemos explotar a nuestro antojo.
Pero ahora que acabamos de dar a vista de pájaro un paseo por la historia de la humanidad sabemos que algo parecido ocurrió con la revolución industrial, y que hicieron falta unas cuantas sacudidas para equiparar el bienestar material al bienestar social. Nos hallamos ahora en este proceso, si comparamos la humanidad en global con cualquier hombre en particular, podemos hacer el símil del niño que come por primera vez caramelos y nadie le pone límite: Acaba empachándose y poniéndose enfermo. Y aprendiendo que cada cosa tiene su dosis beneficiosa y su dosis perniciosa. Su medida.
Vivimos ahora embelesados por el consumo, por la cantidad de cosas que podemos llegar a tener. Estamos fascinados frente al aparato de televisor o el ordenador y queremos más y más. Más vestidos, más coches, más casas. La publicidad ha irrumpido en nuestras vidas como un ideario que nos dicta cómo tenemos que actuar, que vivir. Se ha apropiado del discurso social y también del personal, el íntimo. No sólo la publicidad, puesto que las fronteras en este territorio se han disuelto y los medios de información están mediatizados por los intereses de las grandes empresas, o sea que de algún modo, la mayor parte de la información que recibimos está orientada a hacernos ver el mundo y reaccionar de un modo determinado. De modo que perpetuemos conductas destinadas a consumir, puesto que son empresas productoras, con bienes de todo tipo a la venta, las que pagan a los directores de los periódicos y los medios de comunicación para pintarnos un mundo en el que todo se soluciona comprando.
Así, tenemos la necesidad de comprar una segunda vivienda aunque después no tengamos a oportunidad de disfrutarla, de renovar el armario cada año a pesar de tenerlo lleno, de pagar una cuota una organización no gubernamental para ayuda al tercer mundo, cuando nuestra realidad inmediata está llena de carencias que sería más fácil subsanar, cuando el reparto justo de la riqueza mundial no se soluciona con caridad. De hablar de reciclaje de una forma totalmente superficial, cuando sería mucho más sencillo buscar fórmulas para no producir tantos envases desechables… En fin, el panorama no parece en principio muy halagador, y menos desde el punto de vista del pobre ciudadano común, atrapado en un cotidiano complejo y estresante, de presión económica y laboral, con muchas deudas que pagar y pocas puestas de sol para ver…
Pero ya hemos dicho que las tecnologías en sí mismas no tienen color político, y si bien cuando la máquina de vapor se inventó, sus resultados inmediatos fueron factorías inmensas en condiciones laborales paupérrimas y jornadas de trabajo de 16 horas, fueron las mismas tecnologías las que después permitieron crear las condiciones sociales adecuadas para reivindicar y conseguir condiciones de trabajo dignas. La humanidad ha funcionado siempre así y ahora lo sabemos, las situaciones tienden a buscar su propio equilibrio y las actitudes personales acaban fluyendo en actitudes colectivas que trabajan por el bien común.
No es necesario renunciar a nuestra realidad, cometer heroicidades ni grandes sacrificios para cambiar las cosas. Lo que es imprescindible es recordar que la libertad no estriba en poder elegir la marca de ropa o de coche que nos vamos a comprar, o la ONG en la que vamos a colaborar, la libertad tiene un sentido mucho más profundo que convierte a cada ser humano en agente de cambio, y que se expresa en pequeños actos, que influyen en la realidad inmediata. Ahí es donde podemos y debemos actuar. Apostar por el voto directo en nuestro entorno local que nos presenten la oportunidad de elegir cuáles son las gestiones que realmente necesita nuestro pueblo o nuestro barrio, que den opción a que sean los propios vecinos quienes realicen propuestas de mejora, que nos den instrumentos para una implicación directa en la transformación de nuestra realidad inmediata. Y para ello no es necesario asistir a interminables asambleas como hacían los atenienses, puesto que la tecnología de la información nos da instrumentos para agilizar precisamente el “hándicap” principal de los sistemas de toma de decisión colectivos.
En primer lugar, debemos tener clara la diferencia entre democracia y democracia representativa..
La democracia representativa consiste en votar un representante que a pertenece a un partido determinado que tiene un programa electoral. La conocemos bien, porque es la que se aplica en todos los países parlamentarios del mundo, con sus matices. La democracia directa forma parte de todas las constituciones de los países democráticos, y la diferencia estriba en la frecuencia y el ámbito de aplicación de cada país. Es, la expresión más clara de la democracia directa el referéndum o consulta popular. El artículo 92 constitución española dice:
“Artículo 92
1. Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.
2. El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados.
3. Una ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución.”
Este es un ejemplo de democracia , porque es el pueblo quien decide directamente con un “si” o un “no” que enlaza con las “hablas” griegas, pero evidentemente totalmente restringidas por los articulo 2 y 3 que hacen totalmente anecdótica .la aplicación de una medida legal. En nuestra historia parlamentaria de España se han celebrado referéndum para la aprobación de la propia Constitución, para la entrada en la OTAN, para las aprobaciones de los estatutos de autonomía en las diferentes comunidades, y el último, sobre la aprobación de la constitución europea. Cada país, refleja en su Constitución las posibilidades de democracia que tiene. Por ejemplo, en muchos países se contempla la posibilidad de aprobar una ley por iniciativa popular. Es decir, si alguna entidad o grupo de ciudadanos son capaces de recoger la cantidad de firmas establecidas según cada caso, a favor de determinada medida legal, el gobierno tiene la obligación de aplicarla, o someter a referéndum su aplicación. Esta medida está vigente en varios países, siendo Suiza el pionero, cómo veremos más adelante, país dónde son necesarias 100.000 firmas para que una iniciativa legislativa sea sometida a referéndum. En Estados Unidos, si bien no existe a nivel federal, sí a nivel estatal, es decir en cada uno de los estados que constituyen el país, y en los últimos años se ha disparado el uso de esta herramienta, tanto para aprobar medidas de tipo conservador como de tipo progresista. También se aplica esta herramienta en otros países, como en algunos estados federales de Alemania, Liechtenstein, Italia, Eslovenia, , etc.
En España, la iniciativa legislativa popular está consagrada en el artículo 87.3 de la Constitución:
“3. Una ley orgánica regulará las formas de ejercicio y requisitos de la iniciativa popular para la presentación de proposiciones de ley. En todo caso se exigirán no menos de 500.000 firmas acreditadas. No procederá dicha iniciativa en materias propias de ley orgánica, tributarias o de carácter internacional, ni en lo relativo a la prerrogativa de gracia.”
Como podemos ver, la iniciativa legislativa popular en España está bastante limitada, además, la Ley Orgánica que la desarrolla, deja muy claro que esas 500.000 firmas van a servir, en caso de que se lleguen a recoger, para que una iniciativa de ley se discuta en el Congreso, pero el Congreso y el Senado se reservan la opción de aprobarla, modificarla o desestimarla, sin ser obligatorio someterla a referéndum popular en caso de no se apruebe, como en los países anteriormente citados. O sea que en España, las aplicaciones de la democracia son bastante parcas, farragosas y a la postre inútiles excepto en el territorio de la política local.
La Ley Orgánica 2/1980, que regula el Artículo 92 de la Constitución sobre el referéndum que antes hemos citado, en su Disposición Adicional Única, excluye claramente los temas municipales:
“Disposición Adicional
Las disposiciones de la presente Ley no alcanzan en su regulación a las consultas populares que puedan celebrarse por los Ayuntamientos, relativas a asuntos relevantes de índole municipal, en sus respectivos territorios, de acuerdo con la legislación de Régimen Local, y a salvo, en todo caso, la competencia exclusiva del Estado para su autorización.”
Y si nos vamos a Ley 7/1985 Reguladora de las Bases de Régimen Local, encontraremos que:
“Artículo 71.
De conformidad con la legislación del Estado y de la Comunidad Autónoma, cuando ésta tenga competencia estatutariamente atribuida para ello, los Alcaldes, previo acuerdo por mayoría absoluta del Pleno y autorización del Gobierno de la Nación, podrán someter a consulta popular aquellos asuntos de la competencia propia municipal y de carácter local que sean de especial relevancia para los intereses de los vecinos, con excepción de los relativos a la Hacienda local.”
Por lo que es a través de la administración local que hay que abrir caminos hacia la democracia . Como podemos ver, la democracia no es una opción política revolucionaria que implica grandes cambios ni grandes riesgos. En los sistemas de democracia representativa que hoy conocemos, dónde el ciudadano tiene un papel cada vez más pasivo y resignado, y el político las manos más atadas por los intereses económicos que pretenden utilizarlos para obtener beneficios, la democracia es un camino real y factible para que la población recupere su protagonismo y fuerce a los políticos a recuperar el papel de defender sus intereses. Es un instrumento que existe y que tenemos a mano sin necesidad de utilizar dramáticas rupturas, sin que la medida deba ser necesariamente de izquierdas o derechas, que se puede ir implantando poco a poco, recogiendo de pequeñas experiencias prácticas, nuevas teorías para aplicaciones más ambiciosas. Si a ello le unimos la irrupción de las nuevas tecnologías, es decir la posibilidad de voto electrónico, de participación en foros de discusión local o mundial sobre un problema u otro sin tener que moverse de casa, encontramos que una vez más, la experiencia social humana tiene posibilidades de crecimiento y regulación. Por lo que nos parece increíble que se siga votando con papel, inventado por los chinos millones de años antes que los europeos..
Del mismo modo de la máquina de vapor hizo posibles las primeras industrias y con ellas los primeros abusos por parte de los empresarios, en forma de masas de trabajadores hacinados alrededor de fábricas, la cibernética y los medios de comunicación nos traen un mundo globalizado que nos lleva a plantear en Europa la semana de 65 horas. Y del mismo modo que la condiciones creadas por la revolución industrial llevaron a la revolución francesa y a las posteriores teorías sociales que después de ajustes y desajustes alcanzaron la declaración de los derechos humanos y la creación de las Naciones Unidas; la propia era cibernética propicia la democratización de la tecnología, y es la democracia el sistema de control y regulación del bien común por parte de los ciudadanos. Lo más hermoso es que esto no es la propuesta de un iluminado, es algo que ya está ocurriendo y que se propaga a la velocidad de los tiempos que corren. Veremos en los próximos capítulos varios ejemplos de los resultados de la aplicación de la democracia que nos acercan a su realidad.
Forma parte del cotidiano de cualquier ciudadano Suizo recibir la lo largo del año varias cartas del Gobierno, del Cantón o del Municipio invitándoles a expresar su opinión sobre temas de lo más variado. Es también habitual en Suiza asistir a las urnas con regularidad y con carácter decisorio, tanto sobre temas locales como generales. Normalmente las votaciones se hacen en las urnas o por correo, y en la actualidad ya existe el voto por internet, aunque en algunos cantones y ayuntamientos todavía se realiza la asamblea donde los ciudadanos se pronuncian a mano alzada.
Pero los suizos no sólo deciden qué votan, sino también sobre qué quieren votar desde 1981.
Recogiendo 100.000 firmas, cualquier ciudadano o grupo puede proponer la modificación de artículos aislados de la Constitución e incluso su revisión completa. Esto sí, toda iniciativa popular deber seguir un procedimiento que conlleva varias fases.
Después de verificar la autenticidad de las firmas, el Parlamento debate la propuesta y después el poder Legislativo somete el proyecto a la aprobación o rechazo de los ciudadanos.
El Parlamento también tiene potestad para elaborar una alternativa a la propuesta que es sometida a votación ciudadana al mismo tiempo que la iniciativa popular. Estos procedimientos implican que entre la presentación de la iniciativa y la votación puedan pasar varios años.
Desde 1891 a 2007, se aprobaron 15 modificaciones a la Constitución, pero se presentaron muchísimas más que no fueron aprobadas. Ello no significa que las iniciativas populares sean un instrumento democrático poco útil, a menudo provocan debates políticos que de otro modo hubieran encontrado dificultades para hacerse públicos.
El referéndum es otro de los instrumentos que utiliza a menudo el pueblo suizo. La Constitución federal garantiza al pueblo suizo el derecho a pronunciarse sobre las decisiones que toma el Parlamento. A veces las resoluciones de las cámaras son obligatoriamente sometidas a votación popular. En los otros casos, con la firma de 50.000 personas se puede reclamar que una decisión aprobada ya por el Parlamento sea sometida al pueblo. Este derecho es considerado una característica particular del sistema helvético.
A nivel local, la aplicación de la democracia directa es mucho más radical, si cabe. Suiza posee, con mucho, el record mundial de votaciones populares, los ciudadanos suizos tienen la oportunidad de ir votar una media de treinta veces al año ya sea por cuestiones de interés local, cantonal o nacional.
Hay muchos municipios dónde las leyes locales no las dictan los políticos, que son los encargados de ejecutarlas, sino los ciudadanos en asamblea. Esto no significa que en las asambleas participe todo el pueblo, hay veces que los índices de participación son realmente bajos, depende del interés de la población en los temas a tratar.
En realidad, lo que ocurre es que el ciudadano participa en la asamblea cuando hay un tema que verdaderamente le incumbe, lo cual responde de una manera muy adecuada a las condiciones de vida de la sociedad moderna, altamente individualizada, dónde el ciudadano quiere tener competencia activa en los temas de su interés, pero de forma esporádica, sin adquirir un compromiso político muy elevado y sin tener que afiliarse a partidos políticos ni instituciones.
Según encuestas, los suizos conocen poco a sus políticos, sin embargo están muy informados sobre la situación política. Este nivel de información implica una mayor implicación en los asuntos públicos. Se dice que un Suizo dedica el doble de tiempo que cualquier otro europeo medio en actividades comunales, lo cual tampoco deber ser mucho teniendo en cuenta lo poco que dedica a esto la población de nuestro país. Sobre todo teniendo en cuenta que por ejemplo, las escuelas Suizas están gestionadas en su mayor parte por los padres.
Cabe destacar también, que la participación en las elecciones y los referéndums tampoco es muy elevada, la existencia de la iniciativa popular hace menos importante quien gobierne, ya que los ciudadanos siempre tienen opción a intervenir en los asuntos públicos cuando lo consideren necesario.
Una de las críticas más frecuentes a la democracia Suiza es que los grupos con más dinero y más organizados siempre tendrán ventajas a la hora de proponer plebiscitos, y de hecho hay un debate abierto sobre el tema, que afecta más a cuestiones de interés general que a cuestiones de interés local.
Se están tomando medidas, como la prohibición voluntaria de transmisión de propaganda electoral por televisión. Pero sí es cierto que los grupos mejor organizados tienen ventaja a la hora de convocar un referéndum por lo que los intereses a largo plazo y los de los más desfavorecidos no están tan representados como debieran.
Los partidarios de la democracia directa aducen que con mayores controles en la financiación de las campañas o con su financiación por parte del estado estos intereses podrían ser también representados.
Pero a pesar de ser un ejemplo cercano está muy lejos de ser factible. Una vez más no se incorporan las nuevas tecnologías que en tiempos actuales ya NO nos sirven las excusas de falta de técnica. Por lo que tan solo es una semi-democracia . Algo es algo.
Estados Unidos es un país con cultura democrática, tanto por la herencia subyacente de los indígenas, que ya hemos visto antes, como por la juventud política del país. Hemos de pensar que hace apenas cien años, en el lejano Oeste, que aparte de darnos muchas películas de Hollywood también existió en realidad, las organización del estado apenas llegaba, las infraestructuras eras muy escasas, y eran los vecinos los que, reunidos en asamblea, debían decidir como gestionar la comunidad, desde el alumbrado, la escuela, la sanidad, la seguridad, etc. Es muy reciente en la memoria del ciudadano estadounidense esta dinámica de auto-organización, por ello, el norteamericano está bastante bien informado de lo que ocurre en su realidad inmediata y muy poco respecto a los estragos que su país imperialista (el que nos ha tocado conllevar) acomete en el resto del mundo.
La Constitución de los Estados Unidos no contempla la posibilidad de democracia a nivel nacional. En los setenta se estuvo a punto de aprobar una enmienda a constitucional para introducir este derecho, es decir la aprobación de leyes por medio de un referéndum a nivel nacional. La propuesta fue desestimada, pero no por ello ha cesado la lucha para conseguirlo. Sin embargo, desde principios de siglo, la mayoría de estado federales sí gozan de este derecho. Y desde entonces se han lanzado casi dos mil iniciativas de las que se han aprobado casi la mitad. A medida que el nivel organizativo estatal se reduce, es decir en condados, ciudades y pueblos, el proceso de iniciativa popular aumenta, por las razones culturales que al principio hemos señalado. A principios de siglo, las normativas de democracia directa que se acababan de implantar se utilizaron mucho. Desde el crack del 29, quedaron un poco en el olvido, hasta que a mediados de los 60 fueron redescubiertas. Y desde entonces su uso han aumentado. Es importante destacar que desde los sesenta a los noventa se dieron cerca de trescientos procesos de iniciativas y referéndum a nivel federal, y que en la sola década de los 90 se dio la misma cantidad.
Los procesos de iniciativa popular han actuado como catalizadores de reformas importantes, dándose la situación de que algunas de ellas introducidas por iniciativa popular en un estado, han sido después aprobadas por iniciativa legislativa en otros.
El sufragio femenino, la jornada de ocho horas para las mujeres, la prohibición del trabajo infantil, las pensiones por maternidad, la legislación medioambiental, son sólo unos ejemplos de leyes que empezaron en un estado por iniciativa popular y acabaron en leyes y enmiendas constitucionales a nivel nacional.
El uso de la democracia se incrementa a toda en los Estados Unidos, y hay una iniciativa que reúne a diversas personalidades que tienen la ambiciosa y farragosa tarea de recoger 50 millones de firmas para conseguir que se aplique la posibilidad de referéndum a nivel nacional, a través de una enmienda en la constitución. Esta iniciativa, llamada “Nacional Inititive for Democracy” (NID). La NID, además, propone una serie de cambios para hacer más eficaz el sistema, como la utilización de encuestas de opinión en lugar de firmas de votantes para decidir si una cuestión debe ser sometida a referéndum o no.
Con la utilización de encuestas se pretende detectar propuestas que cuentan con el apoyo popular pero que están apoyados por grupos sin recursos suficientes como para desarrollar una campaña de recogida de firmas.
Otra de las propuestas de la NID intenta resolver el problema del poder del dinero a la hora de poner en marcha iniciativas. La idea es crear una nueva institución, la “Electoral Trust” que perseguiría tres objetivos:
1- Hacer un registro de votantes lo más simple y automático posible, que sea universal y vitalicio.
2- Controlar que las iniciativas populares estén acompañadas de información justa e imparcial para los votantes.
3- Asegurar que todos los votantes registrados tengan facilidades para votar, incluidos los que sufren alguna minusvalía.
Además, propone un protocolo para asegurar que cualquier iniciativa popular sea suficientemente discutida, que incluiría la edición de panfletos que explicaran con precisión la propuesta y que llegara a todos los ciudadanos, entre otras cosas. Y por supuesto, la prohibición de la financiación de las campañas por parte de las corporaciones y la obligación de hacer público de dónde sale el dinero para la financiación.
Esta propuesta no cuenta con el apoyo de los partidos mayoritarios, por ello el intento de captación de cincuenta millones de firmas de votantes. Queda por ver si esta situación, sin precedentes en Estados Unidos es finalmente aceptada por el ejecutivo, que mucho me temo que no será.
En todo caso, refleja la preocupación ciudadano americano por los asuntos de su país, y las ganas de evolucionar democráticamente, así como la conciencia de las consecuencias de la presión que los grupos económicos pueden ejercer sobre las decisiones políticas.
Cabe destacar que el referéndum en Uruguay sólo tiene carácter abrogativo, es decir, sólo tiene potestad para derogar leyes o parte de ellas, no para proponerlas. Aunque para ello existe la iniciativa popular, los ciudadanos tienen facultad para presentar una ley a efectos de que el parlamento la discuta o modifique. Aprobada la propuesta, esta es sometida a votación popular. También se puede usar la iniciativa popular para modificar la Constitución, siempre y cuando el 10% de los votantes presenten un proyecto para que su aprobación se discuta en el Congreso. La iniciativa popular también se usa para reglamentar materias a nivel municipal y para tratar cuestiones que conciernen a gobiernos locales. De hecho, en el ámbito local es donde se aplica más este instrumento democrático.
En 1985, Uruguay recuperó su régimen democrático después de una cruel dictadura militar e inició su transición a la democracia. Desde entonces se han realizado 17 referéndums. Las leyes sobre referéndum han sido modificadas también desde entonces, para adaptarlas a las necesidades del país. Existen ahora dos maneras de llegar a la convocatoria de una consulta popular, la corta y la larga. La corta requiere reunir mediante firmas el apoyo del 25% de la ciudadanía. En este sentido, se han establecido una serie de normas sobre el censo dedicadas a evitar la falsificación de firmas.
La vía larga es un procedimiento por el cual en lugar de presentar 500.000 firmas, que es lo que supone el 25% del electorado, se pueden presentar sólo 48.000, que significa el 2%. Cuando esto sucede, la Corte Electoral debe convocar un pre-referéndum, de voto voluntario. Debe acudir más del 25% del los votantes y el pre-referéndum pregunta a los ciudadanos si están de acuerdo en que se convoque un referéndum para el proyecto presentado.
En Uruguay han un complejo sistema de censo electoral y el voto es obligatorio, aunque la única consecuencia de no votar durante dos convocatorias seguidas es que el ciudadano es borrado del censo y debe volver a inscribirse. Otra vez, todo ello son mecanismos que ha encontrado el país para reintroducir la democracia y evitar la dinámica de corrupción de los tiempos de la dictadura.
Otras de las garantías de transparencia introducidas en la democracia Uruguaya es el hecho de que los grupos que impulsan el sí o el no en una consulta, son los encargados de designar a los ciudadanos que controlan como se realiza la votación en cada mesa.
También existe en este país y se usa con frecuencia, la posibilidad de referéndums departamentales. Los departamentos en Uruguay son el equivalente a las comunidades autónomas aquí. En este caso se requiere el 20% de los electores del departamento para convocar un referéndum. Tanto en los referéndums nacionales como en los departamentales están excluidos los temas de presupuestos, territorio y tributos.
La financiación del referéndum va siempre a cargo del estado, los promotores del mismo deben correr a cargo de la difusión y publicidad de sus ideas, y el poder ejecutivo no puede invertir en el tema. Lo que sí debe hacer es emitir mensajes por televisión y medios de comunicación con la finalidad de informar al ciudadano. Sólo explicando cual es la materia de consulta y sin pronunciarse sobre las consecuencias de la decisión ciudadana.
Los últimos referéndums aplicados a nivel nacional en Uruguay han tratado sobre privatización de empresas nacionales, reformas de pensiones, procedimiento para juzgar a los militares y el último sirvió, en 2004, para declarar el agua como bien público y garantizar la participación de la sociedad civil en todos los niveles de gestión de los recursos de agua en el país. Más del 60% de los votantes aprobaron esta reforma constitucional en la que se establece que “el agua es un recurso natural esencial para la vida” y que el acceso a las canalizaciones de agua y de servicios sanitarios son “un derecho humano fundamental”. He ahí un precedente de adaptación de un país a las imposiciones de la globalización. Uruguay es el ejemplo más avanzado de democracia directa en América Latina, pero los cambios se están produciendo a otros países a gran velocidad.
El despertar de América Latina a la democracia, recoge las tradiciones participativas indigenistas, que al fin y al cabo son las raíces culturales del continente. Ello es la razón de que últimamente veamos a menudo en los periódicos noticias de países como Bolivia o Ecuador, entre otros, que van a referéndum para decidir cuestiones nacionales. Pero también en el resto de los países latinoamericanos la democracia directa es un tema candente que se presenta como un mecanismo óptimo de control de la actividad política y de participación popular en los temas comunes.
Otro buen intento que irremediablemente está condenado al fracaso, puesto que una vez más NO se aplican las nuevas tecnologías.
Curioso que Uruguay este mucho más avanzado que España, más si como dicen ésta se encuentra en el primer mundo.
España
También hemos visto antes que la Constitución española da poca cabida a este instrumento yendo a la cola de la mayoría de países europeos al respecto.
A pesar de ello, ha habido en la historia de la reciente democracia en España, algunas iniciativas populares que han intentado llevar leyes a discusión al parlamento, sin demasiado éxito. Pero ello nos indica que sí están las ganas, la necesidad, por parte de la población.
Otra prueba de ello es que dónde la democracia es más factible, es decir en la administración local, se están dando en todo el territorio nacional multitud de experiencias.
Aparte de las iniciativas ciudadanas a nivel local que tienden a la discusión de los programas de cada ayuntamiento, que son muchas y variadas, tenemos una experiencia, que surge como iniciativa del Foro de Porto alegre, llamada presupuestos participativos que lleva aplicándose con variado éxito en varios pueblos y ciudades de España, por citar algunos ejemplos: Cabezas de San Juan (15.000 habitantes, Sevilla), Puente Genil (28.000 habitantes, Córdoba) y Rubí (60.000 habitantes, Barcelona). Y ciudades medianas, como Córdoba (318.000 habitantes) y Albacete (145.000 habitantes).En el caso de Córdoba, intervienen los ciudadanos en asambleas que se celebran en los 14 distritos de la ciudad. Los cordobeses han influido en el destino de un tercio de las inversiones municipales, lo que supone un 4% del presupuesto local, alrededor de 8,2 millones de euros.
Cabezas de San Juan, en Sevilla, ha logrado una implicación aún mayor de sus vecinos. El ayuntamiento abrió sus cuentas a la participación ciudadana en el año 2000, con los gastos en infraestructuras. En 2001 sumó el área social (educación, festejos, juventud, entre otros). El año pasado se sumó la vivienda y empleo. Los vecinos deciden sobre casi el 50% del presupuesto.
Rubí, en la provincia de Barcelona, es la protagonista de la mayor experiencia de democracia participativa en Cataluña. El ayuntamiento, aprobó en 2002 el primer presupuesto elaborado con esta fórmula. Los ciudadanos decidieron en qué invertir 4 millones de euros sobre los 12 millones del capítulo de inversiones. Y no sólo se discuten los presupuestos, sino otras medidas que afectan a los ciudadanos.
Albacete es la ciudad española donde se ha ensayado con mayor ímpetu esta fórmula. Un total de 119 asociaciones forman parte del Consejo de Presupuestos Participativos que negocia con los grupos políticos el gasto municipal. Por este procedimiento se ha decidido la apertura de 120 plazas de comedores escolares o la gestión de la construcción de viviendas de protección oficial.
En otros municipios españoles existe la tendencia de preguntar a los ciudadanos cómo emplearían el dinero público, aunque sea a través de encuestas que después no son vinculantes, es el primer paso y la muestra clara de que algo se mueve en este sentido.
Cabe recordar también, que en España, para municipios de menos de 100 habitantes existe el régimen municipal de “Concejo Abierto”, que consiste precisamente en gobernar el pueblo a través de asambleas de vecinos por lo que se convierte en el principal campo de batalla para implantar la democracia a través del voto directo y electrónico.
Si la Constitución Española es poco abierta a la democracia, se debe probablemente a la situación de consenso en la que fue redactada, en un momento donde la práctica democrática era nula y hablar del “poder del pueblo” se asociaba a movimientos radicales de extrema izquierda. El tiempo ha hecho madurar a España políticamente, el asociacionismo ha resucitado como cultura, y la participación activa del ciudadano ya no se ve como una amenaza sino como una necesidad. Más aún en los tiempos que corren de crisis, puesto que en época de bonanzas era bastante irrelevante para el ciudadano que los intermediarios parlamentarios tuvieran buenos sueldos y altas “comisiones” siendo el pensamiento mayoritario que esto no importaba mientras el ciudadano de a pie viviera en un estado de bienestar, totalmente ficticio como se ha demostrado cierre del grifo de las hipotecas, lo que ha implicado que si preocupe y mucho el despilfarro del funcionariado político que no deja de ser un grupo pasivo para crear riqueza, sino todo lo contrario. Las últimas encuestas demuestran que la actuación de nuestros representantes es lo que más preocupa. Por lo que creo que ha llegado el momento de poner al mundo en el siglo XXI, puesto que hoy NO tenemos excusas para que esta nueva revolución pacífica llegue a buen fin.
Pero si sumamos el concepto de democracia a la informática, es decir, si añadimos las ventajas de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y las aplicamos a la democracia , vemos que sus principales obstáculos, la pérdida de tiempo por parte del ciudadano en asambleas y reuniones, lo costoso de reunir un gran número de firmas y autentificarlas para conseguir que una iniciativa popular prospere, quedan abolidos.
Desde hace ya algún tiempo, en España podemos comunicarnos con el Ministerio de Hacienda y realizar los pagos de nuestros impuestos de una forma electrónica, es decir, vía internet. Para ello utilizamos un certificado de usuario que nos permite estar seguro de que sólo nosotros realizamos nuestras transacciones. Lo mismo ocurre a nivel bancario y los nuevos documentos de identidad ya vienen preparados para que próximamente podamos validarlos electrónicamente. Por lo tanto, tenemos suficientes elementos para deducir que se puede garantizar un voto electrónico personal e intransferible.
Durante la presidencia griega de la Unión Europea, en el 2003, se realizó un experimento, a través de un sitio web llamado “eVote”, por el que los ciudadanos de la Unión podían tener una voz activa en problemas europeos y mundiales, desde la guerra de Irak a la ampliación de la UE, la inmigración o la política frente a las drogas. Más de 550.000 visitantes utilizaron el sitio, convirtiéndolo en el mayor experimento realizado hasta ahora en materia de democracia electrónica internacional.
En Suiza, con su trayectoria de democracia y como país avanzado que es, desde el 2001 se impulsa el voto por internet. En los ayuntamientos que se ha utilizado ha subido la participación a casi el doble de en los ayuntamientos que no. Se pretende que el voto por internet sustituya a las formas tradicionales totalmente obsoletas. Muchos de los votos emitidos por internet fueron emitidos por personas que habitualmente no votan. Y no olvidemos que las últimas elecciones las ganaron la abstención con un 60% de participación a la opción de basta de este caduco sistema actual.
Cabe destacar que los mayores de 60 años votaron más en línea que cualquier otro grupo de edad, es evidente que el voto por internet va a facilitar la votación a aquellos ciudadanos con problemas de movilidad.
Según el proyecto Demos en Hamburgo, el problema de la participación democrática se basa en tres elementos clave:
“Suministro de información, formación de la voluntad pública y toma de decisiones mediante tres fases de discusión:
Introducir las TIC en la democracia plantea un sinfín de cambios de los que es muy difícil especular sobre su alcance. Por ejemplo, hay que salvar el obstáculo entre las personas que tienen acceso a internet y las que no, y esto amplificado a países puede crear, en primera instancia grandes diferencias, totalmente subsanables puesto que ya se puede votar por un simple móvil.
Pero no nos cabe ninguna duda de que estamos en el umbral de un gran cambio en las relaciones humanas. Cambio, por demás irrefrenable. Desde la Unión Europea ya se está experimentando al respecto, y si echamos un vistazo a internet veremos que las iniciativas a favor del voto electrónico y su aplicación en el instrumento que es la democracia son innumerables y aumentan día a día, teniéndolas en todos los países y de todos los colores. Difícil es medir el alcance de estas tecnologías, el alcance de los cambios que las mismas van a propiciar. Si ahora, cuando consultamos internet por cualquier motivo, tenemos la pantalla llena de opciones de compra, y a un solo clic y con cargo a nuestra tarjeta de crédito podemos tener al alcance cosas que ni siquiera imaginamos que podríamos necesitar, imaginémonos por un momento que a un solo clic podemos manifestar nuestra opinión sobre si participar o no en una guerra o recalificar o no el bosque de al lado de casa para hacerlo urbanizable. ¿Existirían guerras? ¿Se recalificarían terrenos para beneficio propio?
Tan solo lo podremos averiguar en esta caja de Pandora que hemos destapado sin posibilidades de cerrar. La revolución tecnológica siempre va por delante de nuestra capacidad para adaptarnos al proceso y comprenderlo.
Hemos visto al principio como la primera consecuencia de esta revolución ha sido la espiral de consumo en la que estamos sumergidos, y la influencia de la publicidad en nuestros criterios más personales. También como la función de la política como instrumento de consecución del bien común, se desvirtúa y la convierte en canal de expresión y dominio de aquellos que son más poderosos.
Y como, en respuesta a la endémica tendencia de alineación de “las masas”, es decir nosotros, la democracia se abre paso como mecanismo regulador y recuperador de la conciencia y la participación del hombre común.
Del mismo modo, el instrumento tecnológico que sirve para someternos, las técnicas de información y comunicación, se convierten ahora en un instrumento liberador.
Algo parecido está ocurriendo en los medios audiovisuales. Después de la irrupción del cine y la televisión, los creadores de imágenes pasaron a formar parte de una nueva élite, que tiene su Olimpo en Hollywood. Y de Hollywood a los famosos de la televisión. En los últimos años, el hombre común ha irrumpido en la pantalla del televisor, primero como fantoche, producto de consumo de la llamada televisión basura, pero poco a poco, va cobrando un protagonismo más allá del mero objeto de consumo. Con la llegada de la televisión digital terrestre, internet y el televisor se funden, y aparecerá la llamada televisión a la carta, dónde el espectador deja de ser ese elemento pasivo que solo tiene que apretar botones e ir pasando de canal en canal y se convierte diseñador de lo que quiere consumir. El concepto “anuncio televisivo” está por desaparecer, porque en una televisión a la carta no hay espacio para los anuncios. Estamos en un momento en que el ciudadano de a pie pasa de estar embobado delante de la pantalla a colocarse prácticamente detrás de la cámara y decidir que quiere o no filmar. Del mismo modo que la ola del consumo, o por llamarlo en términos al día, tsunami, está tocando techo, o estallando como una burbuja.
Vaivenes de la historia de la que inevitablemente somos partícipes y como tales, debemos asumir la responsabilidad. La pequeñita, la nuestra, pero la que sumada a la de todos, marcaran nuestro itinerario como ser humano.
Por ello, pararnos a reflexionar, aunque sea sólo unos minutos, apoyar desde nuestras posibilidades, no la gran revolución tecnológica que inevitablemente llega, sino nuestro pequeño/gran protagonismo a nivel local, de nuestro entorno, apoyar la democracia, es trabajar directamente por nuestro bienestar y sin duda alguna el de nuestros hijos. No podemos ni debemos dejar escapar la oportunidad histórica que el sistema democrático nos brinda de crear un entorno saludable para nuestra existencia.
Vivimos en un momento en que no hace falta inventar grandes cosas, esto ya lo hemos hecho y dicho. Hace más falta recordar los ideales de Atenas, o mucho más cercanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, recuperar la confianza en nosotros mismos, asumir la responsabilidad de recrear nuestro entorno de un modo armónico y equitativo, y solidario, según los idearios que ya tenemos y con los instrumentos que nosotros mismos hemos inventado.
DEMOCRACIA DIRECTA ACTIVA
Planeando fugazmente por la historia a vista de pájaro, nos damos cuenta que desde la antigua Atenas, han habido escasos intentos de democracia, siempre condenados al fracaso puesto que no tenían las herramientas necesarias para llegar a tal fin.
Hoy no tenemos excusas para democratizar progresivamente ,sin prisa pero sin a , la sociedad .
Con que nos enfrentamos?
Los gobiernos actuales es obvio que no van a experimentar ni interesarse lo más mínimo por un cambio de sistema parlamentario a un sistema democrático en el cual, como también es obvio dejarían de tener PODER.
Los Estados quieren unA democracia.
La democracia quiere que el estado sea cada unO.
Tan solo una letra diferencia los dos sistemas.
Es por ello que se ha creado Democracia Directa Activa DDA, cuyo programa político se basa en la democratización de la sociedad.
Los demás partidos tienes espesos , largos, incomprensibles y sobre todo ,totalmente falsos, programas que nunca cumplen.
Coma partido “jugaremos” dentro del actual sistema, con sus reglas, privilegios y laxadas leyes que se han ido incorporando para su beneficio, pero con el fin último y único de retornar a la época de Pericles y acelerar con rapidez hasta nuestros días, puesto que está demostrado históricamente, que la sociedad democráticamente no ha avanzado ni un centímetro.
La Historia nos ha demostrado que desde entonces elegimos el sistema romano( PORQUE NO NOS QUEDABA OTRA) el cual nos ha llevado a lo largo de más de 2.000 años al sistema actual
Han sido siglos de guerras fratricidas, asesinatos de millones de seres humanos en nombre de sectas religiosas de muchos colores sumado a nacionalismos que inevitablemente llegan a más guerras contra otros sectas y otros nacionalismos, para crear Imperios de los cuales sólo se han beneficiado los emperadores sus guardias pretorianas, sus camarillas aristócratas, siendo el resto de los mortales, no tan solo esclavos .sino simples carnes de cañón.
En nuestro partido no nos sirve el cuento infantil de reunir millones de firmas para decidir algo, firmas que por otra parte casi nunca serán escuchadas y muy difícilmente aplicadas.
Es por ello que el DDA, allana el camino ,ya que tan solo se necesita recuperar el voto individual , afiliándose al éste (como a cualquier otro),y ganando elecciones primero municipales , autonómicas , generales etc.., desplazando el poder legítimamente usurpado por los gobiernos actuales, y devolviéndoselo a sus legítimos propietarios, TODOS y CADA DE LOS CIUDADANOS.
Si tan solo una localidad consigue su democratización, seguro que será un pequeño paso para el ser humano y un gigantesco paso para la humanidad, ya que no nos importa en absoluto ser plagiados.
Si tenemos claro que Parlamentarismo=Corrupción (, quien tenga duda, o es político o inconsciente,) estará de acuerdo que este sistema está totalmente desfasado en el siglo XXI.
Si por el contrario democracia = armonía, solidaridad no impuesta, vecindad no forzada, corrupción imposible ( es fácil corromper al representante de millones de persona, imposible y totalmente no rentable corromper a todos y cada uno de los millones de representados) tan solo nos queda decir a los abnegados, poco pagados, infatigables trabajadores sociales, que dicen ser los parlamentarios:
Muchas gracias por los servicios prestados y hasta nunca.
Pero este adiós se ha de entender , sin ánimo vengativo, como un adiós con las cuentas claras puesto que la democracia tiene la obligación de investigar a los representantes que han percibido solo lo que les ha correspondido, pagado por todos los ciudadanos. Si en algún hipotético, remoto o inusual caso, alguien hubiera procedido de forma fraudulenta dinero , dadivas o regalos, para enriquecerse con el dinero de todos, es obvio que será juzgado y castigado (como recogen los estatutos del DDA) no con privación de libertad (es imposible calcular los años de pena, puesto que si alguien roba a un particular puede ser condenado a 40 años, quien ha robado a millones no hay calculadora suficientemente potente para calcular la pena ) por lo que tan solo tendrá que devolver lo sustraído lo que ha robado, con carácter retroactivo y hereditario (como reflejan nuestros Estatutos)
Sería una vergüenza para los hijos de un estafador de tales magnitudes disfrutar de una herencia tan desdeñable).
Pero como al parecer, según informaciones actuales, esto no tiene que preocupar ni quitar al sueño a la inmensa mayoría de intermediarios políticos ya que estos han jurado y perjurado, por activa y por pasiva, que NUNCA , se han beneficiado de cargos de poder, sino todo lo contrario, han dado su vida , aptitudes y tiempo más que lo que se les ha exigido, por lo que les volvemos a dar las gracias.
Y lógicamente no tan solo pueden dormir tranquilos, sino que la democrácia los honrará.
El DDA quiere tan solo aclarar un concepto:
Se ha dicho que quien no es demócrata (en las constituciones vigentes) es terrorista.
TOTALMENTE DE ACUERDO.
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